Preparándome para la quimioterapia

Empiezo a concienciarme de la quimio

Durante el mes de junio estuve concienciándome del comienzo de la quimioterapia. Intentaba quitarme el miedo de los efectos secundarios: vómitos, náuseas y lo mas temido la caída del pelo. Era imposible, tenia muchísimo miedo, los comentarios de la experiencia de otras personas me atormentaban durante todo el día. Estaba experimentando algo nuevo, durante la carrera lo había estudiado pero ahora yo era la paciente: tenía ansiedad de la propia ansiedad.

Me daba ansiedad pensar que no podía controlar la ansiedad, pensaba que esto me perjudicaría en mi enfermedad, no podía ser positiva y esto me daba ansiedad, no podía tener ánimo y esto me daba ansiedad, pensaba que todo esto podía atraer lo negativo y me haría volver atrás en la enfermedad y volvían a incrementarse los niveles de ansiedad. Estaba en un circulo sin salida y por primera vez comprendo que necesito ayuda. La psicóloga necesitaba un psicólogo que me ayudase a controlar los pensamientos negativos y la ansiedad, todas las estrategias que ponía en marcha no servían para nada.

En Mancha Real se ponen en contacto conmigo un grupo de supervivientes de cáncer, no solo de mama sino de otros tipos, empiezan a compartir conmigo sus experiencias y a quitarme el miedo de la quimio. En esos momentos pensaba que me estaban mintiendo para animarme y estaban escondiendo los efectos secundarios verdaderos. Después comprendí que era realmente lo que habían vivido ellos y les agradezco enormemente todo lo que hemos compartido, ellos han sido fundamentales para poder sobrellevar la quimio con éxito.

El ánimo y la fuerza empiezan a aflorar en mi y cae en mis manos un manual: LA RESILENCIA, lo había oído comentar pero no lo había trabajado nunca. Hoy pienso que el éxito en la forma de afrontar la enfermedad ha estado en el grupo al que pertenezco, NUEVA VIDA, y por supuesto a la Resilencia. Las técnicas que utilicé quiero compartirlas con todos, al fin y al cabo este es el objetivo del presente bloc.

A finales de junio tengo las pruebas que por protocolo debo hacerme antes de empezar la quimio: me tengo que enfrentar al TAC, a otras pruebas de medicina nuclear, donde tienen que comprobar si la enfermedad está en los huesos, a una ecografía de corazón para comprobar que tengo el corazón sano. Esto era devastador, me estaba enfrentando a pruebas para comprobar si había metástasis, me las estaban haciendo a mi, a nadie más, esto era demasiado, no puedo describir lo que sentía en esos momentos metida en aquellas máquinas, cuanto miedo, cuanto sufrimiento, emociones muy fuertes y todas negativas.

El mes de junio se iba acabando, este mes se me hizo muy largo, interminable. Empiezo a probarme las pelucas, pañuelos, soy incapaz de mirarme al espejo y no llorar al verme, la caída del pelo se estaba acercando y aún no había decidido lo que ponerme ni cuando cortarme el pelo, esta decisión no la quería tomar no quería ni pensar en ello

Primera consulta en Oncología médica

El 28 de mayo, tengo la primera cita con Oncología médica, en el hospital de Jaén, es la primera vez que voy a esa parte del hospital, había escuchado por megafonía los nombres de los pacientes que nombraban para ir a las consultas o sala de tratamiento, pero nunca había estado en la sala de espera, mi marido y yo contemplamos sorprendidísimos las dimensiones de esta sala; nunca habíamos estado en una consulta médica con una sala de espera tan grande, a penas encontramos sitio para poder sentarnos. En la espera se nos ocurrió contar los asientos: 150 nada mas y nada menos, tres pantallas de televesión, desde entonces nosotros hemos bautizado a esa sala como “la sala del cine”.

Entrego la carta en el mostrador de admisión y enseguida aparece mi nombre en una de las televisiones: MARIA L. H. L. consulta 6. Mi nombre aparece en una de esas televisiones de la sala del cine y hay que esperar por megafonía que te nombren para ir a la consulta de la oncóloga asignada. No dejo de mirar a todas esas personas que están esperando que las llamen: para consulta, enfermería, sala de tratamiento y todo esto por megafonía, es un ir y venir de gente continuamente, pero mi mirada se detiene en todas aquellas mujeres que van con pañuelo, no se me va de la cabeza que muy pronto yo estaré así y es imposible de asumir, ¡que miedo me da tener que raparme la cabeza!, no se si esto lo podré aceptar, la imagen es demasiado fuerte, como voy a estar calva, no dejo de pensar en el día que me corte el pelo. Yo por entonces tenia media melena, no puedo dejar de imaginarme cuando me corte el pelo con la máquina, el surco que se quedará en la cabeza con el pelo cortado al cero y el pelo cayendo por los hombros, esta imagen me hace muchísimo daño, no quiero pensar, ni siquiera imaginarme ese día. Me molesta que mi marido o personas del alrededor me hablen de eso y no dejo que nadie me hable del tema del pelo, no quiero ni imaginarlo, me hace demasiado daño.

Por fin aparece en la televisión de la sala de cine: MARIA L. H. L CONSULTA 6. Paso a la consulta, se presenta mi oncóloga, la ansiedad y el miedo que tengo son bastante elevados, tanto que no dejo de hablar y apenas escucho lo que tiene que decirme, aquí viene el primer toque de atención por parte de la doctora, cosa que me sorprende muchísimo e incluso me enfado, es la primera vez que visito una consulta de oncología tengo muchísimo miedo y me manda callar, no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Por fin me dice el tratamiento que necesito: Quimioterapia 4 ciclos quincenales, 12 semanales. Radioterapia y terapia hormonal. La doctora quería que las dudas se las dijera al final, pero yo no podía contener mi ansiedad y miedo para el final y la interrumpía constantemente. Me aconsenjó tres cosas: No mires nada por internet, no hables con nadie de la químio y busca que te vas a poner en la cabeza cuando se caiga el pelo, debes de estar preparada para el momento. Me dijo que la caída empezaba alrededor del 21 día de la primera sesión. Me habló de la dureza de la quimio en los primeros ciclos quincenales, siendo esta la más “cañera” para el cuerpo, de la semanal me dijo que no me preocupase, que era muy llevadera. La primera sesión la empezaría el 2 de julio, durante el mes de junio tenia mucho que hacer: debía de prepararme psicológicamente para lo que me esperaba. Yo pensaba que después de la operación ya había terminado con mi sufrimiento, unas semanas de radioterapia y listo a trabajar, que desengaño tan grande, ahora empezaba el verdadero sufrimiento, lo demás había sido un paseo comparado con lo que me esperaba, para esto no estaba preparada, yo creo que nadie lo está, sobre todo con la fama que la quimio tiene de ser un tiempo de estar malos todo el tiempo con vómitos, caida del pelo, cansancio, etc

Por fin salimos de la consulta, mi marido y yo estábamos muy tristes con lo que me esperaba a partir del 2 de julio, teníamos que prepararnos para todo lo que venía, él me dijo por segunda vez que el pelo me lo cortaría él, ese trago teníamos que pasarlo juntos, no podía dejarme a mi pasar ese trance sola

La operación

Son la 7 de la mañana, me levanto para prepararme para la operación, estoy un poco nerviosa, no hago nada mas que pensar en la operación, si encuentran algo que anteriormente no han visto en las pruebas de diagnostico, me vienen a la cabeza las palabras de mucha gente que también la han operado de cáncer y dicen :” hasta que no abren no saben lo que realmente hay”. Me vienen pensamientos mágicos, no puedo clasificarlos de otro modo, porque no hay evidencia científica de que sea verdad que tan solo por pensar en una cosa se cumpla, estos pensamientos son que el ganglio centinela estuviera infectado cuando lo analizaran, esta prueba te la hacen en la misma operación.

Son la 8:20 de la mañana, el celador viene por mi. Mi familia y marido me acompañan a la puerta del quirófano, el mismo camino que 4 años antes hice yo acompañando a mi padre, la imagen de él no se me iba de la cabeza, todos lo acompañamos, todos me acompañaron. Les dije que delante de mi no se lloraba, tenían que estar enteros, con actitud positiva y confiando que todo saldría bien, así estaba yo. La fuerza y el calor que sentí un mes antes no se me olvidaba y esto era lo que me daba la certeza que todo saldría bien. Era yo la que daba animo a todos.

Ya en el quirófano estaba muy tranquila, sorprendentemente tranquila. La preparación a la operación fue larga, me hicieron fotos de los pechos, midieron… un gran grupo de profesionales, la verdad, esto me daba mucha mas tranquilidad. Entre ellos comentaron la tranquilidad y entereza que estaba demostrando, esto me enorgullecía. Por fin me ponen la mascarilla un ligero mareo por la cabeza y ya esta, estaba en manos de ellos no podía hacer otra cosa que confiar en ellos y que ese día tuvieran un buen día para que todo saliera bien.

En la sala de recuperación no sabía la hora que era cuando desperté, oigo a una enfermera decir “esta tarde”. ¡¡¡Era por la tarde!! pregunto la hora y eran las 16,10. La operación fue larga, no sabía si mi familia sabría de mi, estarían preocupadísimos, le pregunto cuando subiría a planta y si mi familia sabía algo de mi. No podía subir a planta porque no había celadores, increíble pero cierto, salí de la sala de reanimación a las 6 de la tarde, mi familia estaba descompuesta, Todo había salido muy bien. ¡¡¡¡GRACIAS DIOS MIO!!!! me repetía una y otra vez.

Ahora la preocupación eran los drenajes, en esta enfermedad nunca descansas, pasito a paso, pequeñas victorias que saben a gloria y caídas que te hunden en lo profundo.

Al día siguiente me visita la cirujana, nunca hubiese esperado que su visita fuera tan amarga, otra caída más se avecinaba:” he limpiado muy bien toda la zona, tienes que estar tranquila porque tu estas ya prácticamente limpia, pero no podemos asegurar que con la cirugía no haya quedado alguna célula cancerígena que te haga la puñeta, aunque la última palabra la tiene oncología, seguramente tendrás que recibir tratamiento de quimioterapia”. Si la palabra cáncer asusta, más me asustaba la palabra químio. Es la primera vez que lloro amargamente, muy asustada, tengo miedo a ponerme mala, a la perdida del pelo a una recuperación lenta, todas mis expectativas y en lo que me había agarrado hasta ese momento se me desmoronó en un minuto.

Que profesionalidad tiene la unidad de oncología de mama de Jaén, la cirujana se sienta en mi cama, como si yo fuera su única paciente, 45 minutos hablando conmigo hasta que me tranquilicé, en mi historia médica, que la verdad ha sido corta, no he tenido jamas una atención tan personalizada.

Cuando la cirujana se va de la habitación, nos quedamos solos mi marido y yo, los dos muy asustados, no nos lo esperábamos, nuestras expectativas se habían hundido,nos mirábamos y no podíamos hablar solo abrazarnos y llorar.Visualizo la situación en mi mente y lo único que me viene a la cabeza es la imagen de un pozo del que quiero salir donde hay unos peldaños y me acaban de quitar dos, los dos de los pies, solo estoy cogida de las manos y estoy apunto de caer al pozo. Quiero poner otra vez los peldaños de los pies pero no puedo, quiero agarrarme a algo que me vuelva a dar fuerza pero no no lo encuentro, me da miedo que no pueda superar esta situación y la esperanza y actitud tan positiva que había tenido anteriormente no volviera y lo peor de esto que mi negatividad influyera en el desarrollo de mi enfermedad.

Empieza la curación

El 30 de abril, una llamada telefónica del famoso número largo me comunica que debo ingresar el 6 de mayo a las 6 de la tarde en el hospital. Voy a ser operada al día siguiente ( 7 mayo). No podía dar crédito ya que aún no me habían hecho todas las pruebas de la anestesia, empiezo a pensar otra vez ideas ilógicas: en la analítica han visto algo raro y por eso quieren operarme ya, no es normal que me citen para la operación sin tener las pruebas de la anestesia hechas. La ansiedad vuelve a subir a niveles poco manejables, siento mareos, como cuando te dan vértigos, estos síntomas me preocupan todavía más. ¿Porque ahora me dan mareos? No quiero hablarlo con nadie para que no se preocupen de esto nuevo que me está pasando, pero tengo que saber a que es debido, por que siento esos mareos, así es que acudo al médico de cabecera y se lo explico, quizás sea la tensión que la tengo baja.

La tensión está perfectamente, le cuento mi diagnostico y me examina por la espalda, parece ser que tengo una contractura y me está afectando a las cervicales, posiblemente esa sea la causa de los mareos. ¿Una contractura en la espalda? si yo no he hecho ningún esfuerzo ¿a que podría ser debido? probablemente a la tensión de los meses anteriores

Los días siguientes, ya en mayo, me voy a trabajar con total normalidad, dejo todos mis asuntos laborales arreglados, quiero y necesito trabajar hasta el último día, no estoy enferma, me digo una y otra vez, no tengo nada por lo que no ir a trabajar. No me duele nada, no tengo fiebre estoy perfectamente, por tanto puedo trabajar hasta el último día y así lo hago hasta que suena otra vez el teléfono, el temido número largo. Ahora me citan el día 6 de mayo también, para ir a Medicina Nuclear. Es la primera vez que escucho esas palabras, no tenía ni idea de lo que era y tampoco nadie me lo había explicado. Otra vez la cabeza empieza a hacer de las suyas: saben algo que yo no se, algo que no me han dicho y quieren saber si esta extendido, si hay metástasis, era imposible calmarme, pido permiso para salir del centro de trabajo y me lo conceden. El jefe me exige que el día que me queda hasta la operación me lo tome de asuntos propios y la baja por enfermedad sea el 7 de mayo. El considera que debo de estar tranquila y relajada y así me lo hace saber, hoy agradezco muchísimo ese gesto por parte de mi jefe, ese apoyo me ayuda muchísimo para seguir adelante, no solo cuento con el apoyo de mis familiares sino también con el de mis compañeros de trabajo y jefes. Que importante soy para tanta gente y que pena que no me haya dado cuenta antes.

Ya el 6 de mayo, tengo cita a las 10 con el anestesista: todo esta normal. A las 12 cita con Medicina Nuclear: entro a la consulta y les explico que no se lo que es esa prueba ni para lo que sirve, no me he atrevido a mirar nada en internet y eso es lo que aconsejo para todos los enfermos de cáncer: no entendemos nada de esto y lo único que conseguimos es quedarnos con la parte negativa de todo. Esta prueba me va a servir para localizar las células cancerígenas y localizar el ganglio centinela, es una prueba diagnóstica para la cirujana, para que en el quirófano todo vaya bien y directos a lo que tienen que limpiar. Me tranquilizan enormemente esas explicaciones. Ya en la sala de espera coincido con otros pacientes que les están haciendo otros tipos de pruebas y como no, cada uno cuenta su situación. La cabeza quiere volver a irse y desequilibrarme pero ahora no lo consigue. Estoy aprendiendo a utilizar una nueva técnica de control emocional: La programación neurolingüística. PNL

Salimos de Medicina Nuclear a las 2 de la tarde, regreso a mi casa para comer con mis hijos, no deben acercarse a mi por la sustancia que me has inyectado en el cuerpo, pero necesito verlos y hablar con ellos aunque sea en otra habitación, quiero saber como se sienten, cuales son sus pensamientos y emociones. Les enseño a normalizar la situación y a aceptar lo que está por venir. Me quedo muy tranquila por que ellos están tranquilos y aceptando la situación.

Llegan las 6 de la tarde y me dan ingreso en el hospital: estoy muy tranquila, con ganas de afrontar mi camino a la curación, la tarde pasa rápida, quieren acompañarme por la noche mi marido y hermanas pero no lo puedo consentir. No estoy enferma, no me pasa nada, no me duele nada, quiero que todos descansen y estén preparados para el día siguiente, sin duda iba a ser un día largo y complicado. Al final consigo que cada uno se vaya a casa y me quedo sola con mis pensamientos, mis técnicas de relajación y de programación neurolinguística: estoy enseñando a mi cerebro a controlar los pensamientos irracionales, los miedos, a generar una actitud positiva y a tener más autoconfianza. Me siento bien y consigo dormir, no toda la noche pero descanso en periodos intermitentes.

Explico brevemente una técnica que ultilizo de PNL que consiste en: disociarme de una situación desagradable, es decir visualizo en la mente que me distancio de mi misma ante una situación desagradable. A continuación accedo mediante la asociación de la mente a experiencias agradables visualizando otras experiencias agradables. Con las situaciones desagradables elaboro una película en mi mente y la proyecto en mi cabeza hacia atrás. De esta manera puedo neutralizar todo lo negativo y me quedo solo con lo positivo.

La fuerza, ya no hay vuelta atrás

Poco a poco se iba acercando el día del diagnóstico, no sabía el día, pero si sabía cada día que pasaba, que era un día menos para conocer la deseada pero temida noticia. Acabaría mi incertidumbre pero empezaba otra etapa de miedo y de no saber a lo que me enfrentaba: la químio, el TAC, la operación … me acordaba de la ansiedad que supuso para mi familia y por su supuesto para mí, cuando a mi padre le hacían la prueba del TAC para ver el estado de su tumor, si estaba localizado, se había extendido, etc, esto pensaba que era aún peor que lo que estaba pensando, el miedo era inimaginable, si con mi padre ya lo pasé mal, no podía imaginar lo que sería ahora soportarlo yo, no era otra persona, era yo. Volvía a utilizar mis estrategias, parada de pensamiento, respiración diafragmática, localizar pensamientos irracionales, debatirlos y por fin cambiarlos. La ansiedad se dimisnuía considerablemente, la podía manejar, pero yo quería más, necesitaba más, quería sentirme mejor, estaba asumida en una gran tristeza y desolación.

Aún hoy no se como podía trabajar tantas horas, dando citas a personas que por supuesto no sabían lo que me pasaba. A la vez que hablaba y comentaba cosas del futuro era tremendo, porque yo no sabía si estaría allí, no sabía donde estaría, no sabía nada de mi futuro.

Hoy doy gracias a Dios, porque el día que fui a hacerme la biopsia, en la sala de espera había una amiga, que por supuesto no sabía nada y ya la puse al día de mi situación. Gracias a ella y a un grupo de personas, el año anterior, tuve un acercamiento a la Iglesia, no es que yo no fuera creyente, pero estaba “dormida” en temas religiosos. En una situación como la que yo estoy viviendo, necesitas fuerza, fe, convencimiento de que todo va a salir bien y yo todo eso no lo tenía, no lo encontraba. Manejaba la ansiedad bastante bien, es mi profesión, pero yo veía que esto no era suficiente. Lo estaba haciendo bastante bien, pero me faltaba algo.

Esta amiga me aconseja tanto a mi como a mi marido en reiteradas ocasiones que asista a una reunión en la Iglesia porque pensaba que podía venirme bastante bien, no me apetecía en absoluto, hacía muchísimo frío, la reunión era tarde, en un viernes y la verdad yo quería estar tranquila, pero al final decido ir y me acompaña mi marido. Ya en la Iglesia vemos un vídeo muy emotivo sobre sanaciones y la verdad me entretiene. Posteriormente rezamos todo juntos y un grupo de personas se ofrecen para rezar por todos nosotros. Cada uno con sus problemas nos acercamos y ellos rezan por nosotros. Nunca había estado en nada parecido en la Iglesia, solamente iba a misa de vez en cuando, bodas, comuniones, algún domingo que otro y poco más. Esa noche de viernes pasa algo en mi que todavía no se que es, porque yo necesito darle una explicación lógica a todo y esto no era lógico.

Cuando me acerco me ponen las manos en la cabeza, dicen mi nombre, y empiezan a rezar: un calor empieza desde los pies que me recorre todo el cuerpo me pregunto que me está pasando por que no lo se y el calor se hace más intenso, me voy al banco donde estaba mi marido le digo lo que me pasa, el calor tan sofocante que tenía y me tengo que quitar el abrigo, estoy aturdida e intento darle una explicación que aún hoy no he encontrado.

El sábado por la mañana cuando me levanto, es el primer día que empiezo a pensar que igual la biopsia me dice que no es cáncer o si lo es, igual no tiene tan mal pronóstico. El miedo y tristeza van desapareciendo, le he encontrado algo positivo a mi enfermedad: enseñar a las personas que puedan pasar por aquí o que están pasando a manejar la ansiedad como lo estoy haciendo yo, aquí nace la necesidad de hacer algo en la redes sociales para compartir y ayudar, por eso os pido vuestra ayuda. Le he encontrado el sentido a mi sufrimiento, empiezo a hacer proyectos de futuro para cuando me cure.

El lunes 8 de abril me citan para el diagnóstico, tengo que ir el día 10 de abril a la consulta a las 10,30. La noche anterior fue bastante mala, no pude dormir mi marido tampoco, me acompaña también una de mis hermanas porque no sabía si yo lo podría soportar sola. Para colmo de nuestra paciencia a la 10,30 la doctora se tiene que ir al quirófano, no vuelve hasta la 12, 30, pero es sorprendente la tranquilidad que tengo e incluso se la transmito a mi marido y hermana. Tengo fuerzas incluso para ir a consolar a otra mujer que le habían dado el diagnostico antes que a mi, lo que ocurre que me lo pienso porque estaba con su familia y no quería intervenir.

Por fin entro a la consulta, la doctora con rostro bastante serio empieza a hablar, la escuchamos con muchísma atención le pregunto con mucha tranquilidad todas mis dudas, que no eran pocas. Ella me reconoce, porque había estado allí los 3 años anteriores, y me pregunta en varias ocasiones si había entendido todo lo que me estaba explicando, yo creo que porque pensaba que no era consciente de lo que me estaba diciendo. Las noticias que me dan son muy esperanzadoras: en un principio no necesitaré químio, no me dicen de hacerme ningún TAC, solo las pruebas de la anestesia porque necesito cirugía y limpiar la zona y después ya se verá. Cuando me dice todo esto, dos lágrimas caen por mi cara de pura emoción, le cojo y aprieto la mano con fuerza a la doctora, todo lo que había pensado el sábado anterior se estaba cumpliendo, tenía cáncer pero con muy buen pronóstico, era más de lo que podía haber imaginado. La fuerza, la fe y el convencimiento de que todo iba a salir bien y que me vino el sábado anterior, lo tenía y aún no me ha abandonado.

La Escala

Por fin ha llegado el 26 de marzo, día que me citan para la biopsia. Es la primera vez que voy a un médico y no necesito una carta de citación, me están esperando, solo tengo que decir que estoy allí. La espera se hace muy larga, el miedo es incalculable, pero nada en comparación con lo que me quedaba que pasar hasta los resultados.

Me explican como se va a hacer la biopsia y la toma de muestras, intento controlar la ansiedad, el temblor en el brazo, ya que tengo que estar muy quieta para que puedan tomar las muestras. No es doloroso por que te ponen anestesia, y así me lo hacen saber. Pero el temblor en el brazo no para, la enfermera se da cuenta de mi miedo y mi preocupación y me da la mano, me la aprieta, sin palabras me quiere transmitir tranquilidad, como agradezco ese gesto, ¡¡¡que humanidad y profesionalidad tienen nuestros sanitarios!!!

Toman las muestras, me explican los cuidados que tengo que tener para evitar el moratón, que por cierto no evite y paso a la información: quería saber, pero a la vez tenía muchísimo miedo de lo que me podían decir. Los interrumpía constante sobre los cuidados, me daba igual que el pecho estuviera morado, que saliera sangre… quería saber si que lo que había visto la semana de antes no tenía importancia. Las respuestas del médico eran ambiguas: no lo se, no estoy seguro, como tengo dudas por eso te hago la biopsia … a mi eso no me servía para nada yo tenía que saber lo que el médico pensaba y entonces utilizo las herramientas que los psicólogos utilizamos para medir la ansiedad: LA ESCALA DE ANSIEDAD.

Le digo al médico, que por favor me dijera en una escala de 0 a 10, su creencia de que lo que había visto era maligno, con las herramientas que tienen y su experiencia profesional, pensé que podía decirme algo. Su respuesta: 7.

El médico se esforzaba en decirme que era solo una creencia, que por eso había hecho la biopsia, que teníamos que esperar los resultados, que me quedara tranquila. Como podía quedarme tranquila 15 días más, que es lo que según ellos tardan esos resultados, y encima con un 7 en la creencia de que lo que tenía era cáncer. Esto no podía controlarlo, el mundo se me vino encima, la imagen de mi padre en su fase terminal no se me iba de la cabeza, cuanto miedo, cuanta desolación, que desesperanza. Mis hijos, como se lo decía a mis hijos, y mi madre, como darle esa noticia otra vez.

Vuelvo a analizar la nueva situación en la distancia, me observo desde fuera, como psicóloga, no como paciente. Estamos en una nueva crisis, hay que volver a analizar los pensamientos, piensa del tipo que son: catastrofismo, adivinar el futuro… los cumplo todos, tengo todas las distorsiones de pensamiento que defininieron Ellis y Beck, de ahí mi estado de ansiedad que ya era de pánico.

Los 15 dias transcurrieron como una montaña rusa de emociones, días de muchísima ansiedad que cuando trataba de parar el pensamiento distorsionado y sustituirlo con otros pensamientos más lógicos me ayudaban a manejar la ansiedad y soportarla bastante bien, y otros momentos del día o incluso días enteros que estaba tranquila.

Estaba asumiendo que estaba enferma, que no era ni la primera ni la última que estaba pasando por aquí, si tenía cáncer lo habían cogido muy a tiempo por que 5 meses antes no había nada, así me lo dijo la doctora. Mis familiares y amigos querían hacerme ver que los médicos aún no lo sabían, que tendríamos que esperar a los resultados, que no me podía poner en lo peor, pero dentro de tí sabes que estas enferma y tienes la certeza que es así, quería convencerme de lo contrario pero no podía.

Estos 15 dias, los ulilicé para prepararme para el día del diagnostico. Tenía ya asumido que estaba enferma y ahora quería prepararme para el día de los resultados. No podía imaginarme en la sala de espera, sentada hasta oír mi nombre y entrar en la consulta y que te dijeran: tiene usted cáncer. Esa situación no me la podía imaginar, me daba muchísimo miedo, no quería que llegara ese día pero tampoco quería seguir con esa incertidumbre, cada vez que sonaba el teléfono con un número desconocido, se me descomponía el cuerpo. Pero poco a poco me reponía y manejaba la situación, otra vez echando mano de mis estrategias de cambio de pensamiento y buscado utilidad a mi sufrimiento. Esto funcionaba.